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Tres inversiones pésimas que debes evitar cuando estás en la treintena

Tienes treinta y pico años y crees que por fin te puedes comer el mundo. Si la vida te ha sonreído, ahora mismo tendrás un trabajo más o menos estable y estarás empezando a montar tu propia familia. Los locos veintitantos ya quedaron atrás y ahora quieres asumir responsabilidades. En este contexto, es fácil que tomes malas decisiones económicas y hagas inversiones pésimas.

Los primeros años de la década de los 30 son muy importantes, ya que unas malas decisiones financieras pueden acarrearnos nefastas consecuencias durante el resto de nuestra vida. Para que esto no te pase, te explicamos cuáles son las tres inversiones pésimas que debes evitar cuando estás en la treintena.

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Inversiones pésimas cuando pasas de los 30

  1. Hipotecarte la vida. Trabajo estable, sueldo estable, pareja estable… Blanco y en botella: normalmente, el siguiente paso es pedirle al banco una hipoteca con la que comprar la casa de nuestros sueños (o una que se le parezca). Llegados a este punto tenemos que adoptar precaución máxima para no ejecutar la peor inversión de nuestra vida. Una de esas inversiones pésimas que nos lastran el futuro.

    Comprar una casa está bien, pero hipotecarnos a 30 o 40 años es una locura. No vamos a entrar en el importe de la hipoteca, pues cada uno se gasta lo que quiere y puede, pero sí es importante tener en cuenta que con una hipoteca a 30 años pagaremos muchos más intereses que con una a 20 años. Cuanto mayor sea el plazo de devolución de la hipoteca, mayores serán los intereses que tengamos que pagar.

    Por otra parte, es imposible prever cuál será nuestra situación económica dentro de tantos años, por lo que debemos ser lo más precavidos posibles en este aspecto. En nuestra opinión, el importe mensual que paguemos por nuestra casa no debería ser superior al 25% de nuestros ingresos mensuales y durante un plazo máximo de 20 años.

  1. Comprarte un coche caro y creerte el rey del mambo. Muchos treintañeros deciden sustituir su vehículo de “toda la vida” por uno mejor. Muchas veces son los hijos pequeños los que justifican el cambio de vehículo a uno de mayor tamaño y con mejores prestaciones. Otras veces lo que buscamos es consolidar nuestra situación social y económica: tenemos buen trabajo y buen sueldo, ¿por qué no también un BMW o un Audi? Esta puede convertirse en otra de las inversiones pésimas que podemos hacer.

    Es un error muy común pedir un préstamo enorme para pagar un coche que realmente no podemos permitirnos y que por supuesto no necesitamos. Un coche no mejora nuestro status. Nuestros vecinos no nos van a apreciar más y no daremos envidia a nuestros compañeros de trabajo. Al contrario, nos endeudamos innecesariamente y ponemos en peligro nuestra sostenibilidad financiera a corto y medio plazo.

    Esta inversión es aún más desastrosa si se nos ocurre ampliar en 25.000 o 30.000 euros nuestra hipoteca para comprarnos el coche y “tener solo una letra”. ¡Desastre económico a la vista!

    Piénsalo fríamente, ¿realmente necesitas cambiar de coche y comprarte uno tan caro? ¿No puedes hacer el apaño con el que tienes o comprar uno de segunda mano mucho más barato?

  1. No empezar a plantear tu futuro económico. Es bastante común que la gente de 30 años no le de la importancia que se merece a sus finanzas del futuro. En cierta medida, es normal. La gente confía en cobrar una pensión pública cuando se jubile que le permita vivir con relativa normalidad hasta que le den billete para el otro barrio. Es un error enorme.

    El tiempo comienza a jugar en tu contra y cada año que pierdas sin hacer nada es tiempo que echarás de menos cuando te jubiles. Nada nos garantiza que las pensiones públicas sigan existiendo dentro de 30 años y, en caso de ser así, tampoco nos puede garantizar nadie el importe que cobraremos, por lo que es posible (y muy probable) que no podamos mantener nuestro ritmo de vida habitual al jubilarnos.

    Los 30 son una buena edad para elaborar un plan B que consista en ahorrar, ahorrar y ahorrar. Todos los meses hemos de ahorrar al menos el 20% de nuestro salario, más si es posible. Si lo conseguimos, en pocos años habremos creado un colchón de seguridad para imprevistos y estaremos invirtiendo en nuestro propio futuro. Así que deja de pensar en inversiones pésimas y ponte a ahorrar desde ya 😉

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¿Has caído en alguna de estas inversiones pésimas? ¿Nos lo cuentas?

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