CFDs

Invertir en CFDs: TODO lo que tienes que saber

El mundo está lleno de gente muy peculiar. Gente sin miedo. Gente muy loca. Por ejemplo, hay a quién le gusta nadar entre tiburones, escalar el Everest, perseguir tornados o viajar a países en guerra. Pero los hay mucho peores. A algunos les gusta invertir en CFDs.

Los CFDs o Contratos por Diferencia (contract for differences) son un producto financiero por el que algunos inversores apuestan con el objetivo de obtener altos beneficios. El problema, como veremos más adelante, es que las pérdidas también pueden ser muy elevadas.

Los CFDs están prohibidos en algunos países como Estados Unidos. En España, sin embargo, su popularidad va en aumento. ¿El motivo? Ofrecen la posibilidad de dar un pelotazo, y eso forma parte de una filosofía de vida muy arraigada en nuestra cultura.

¿Qué son los CFDs?

El CFD no es el producto financiero más sencillo de explicar. Se trata de un contrato firmado por dos partes, un inversor (que quiere comprar) y una entidad financiera (que quiere vender), y en el que lo que se intercambia se denomina “activo subyacente”, que puede ser, por ejemplo, acciones o divisas.

El hecho diferenciador de los CFDs es que cuando se invierte en el activo subyacente no es necesario desembolsar el cien por cien de la inversión, sino solo un pequeño porcentaje (que suele oscilar en torno al 10-20%) como garantía de la misma.

En otra palabras, la inversión en CFDs se basa en el apalancamiento: el inversor se endeuda con el objetivo de invertir. El problema, como veremos con un ejemplo, es que si la inversión sale mal, puede llegar a perder más dinero del que pidió prestado.

Ejemplo de una inversión en CFDs

Un inversor quiere comprar acciones de la tecnológica Z a un precio unitario de 50 euros. Supongamos que lo hace a través de un CFD sobre 1.000 acciones y que la entidad financiera con la que lleva a cabo la operación solo le exige un 10% de inversión inicial.

Con el CFD, el inversor podría comprar acciones por valor de 50.000 euros, pero solo tendría que aportar 5.000 euros. Es decir, puede hacer una inversión muy importante con un capital muy pequeño. El CFD le permite “hacer trampas” de forma legal.

¿Y qué puede ocurrir? Veamos dos casos:

+ Escenario 1: el precio de las acciones sube a 60 euros.

Si ocurriese esto, los 50.000 euros de inversión inicial se convertirían en 60.000 euros, por lo que el inversor obtendría un beneficio bruto de 10.000 euros. Ha convertido 5.000 euros en 15.000; una rentabilidad del 300%. La jugada ha sido redonda.

+ Escenario 2. El precio de las acciones baja a 40 euros.

En un escenario más desfavorable, la inversión de 50.000 euros pasaría a convertirse en 40.000 euros. Las pérdidas serían de -10.000 euros, pero como el desembolso del inversor fue de solo 5.000 euros, su deuda se multiplica por dos.

En realidad, la deuda sería aún mayor, ya que pierde los 5.000 euros iniciales y tendrá que pagar otros 5.000 euros (por el apalancamiento) más las comisiones e intereses que la entidad financiera le cobre por la operación. En este caso, la jugada ha sido nefasta.

¿Son los CPDs una buena opción de inversión?

Los CFDs son peligrosos y, aunque están regulados de forma legal, no son la mejor opción para el inversor minorista. Se trata de un producto demasiado difícil de comprender y que además implica asumir grandes riesgos de inversión. Esta es la razón por la que la mayoría de inversores en CFDs terminan perdiendo dinero.

Si prefieres invertir sin sobresaltos, los fondos de inversión son una alternativa más sensata. No te harás rico de un día para otro dando el pelotazo, pero al menos podrás dormir tranquilo cada noche.

 

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