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Gasto vs inversión: Lo que te hace rico y lo que te hace pobre

¿Tiene el mismo sentido gastar el dinero en un fin de semana de vacaciones que en un curso de inglés? ¿Y tiene la misma repercusión para tu futuro pagar el alquiler de la casa que comprar un nuevo ordenador con el que trabajar? En ambos casos la respuesta es negativa. ¿Gasto o inversión?

Para un desarrollo eficaz en las finanzas personales hay que aprender a diferenciar claramente lo que es un gasto de lo que es una inversión. En una primera aproximación a ambos contextos podríamos decir que un gasto es todo aquello que te empobrece, mientras que una inversión es todo aquello que te enriquece.

En nuestros ejemplos, el fin de semana de vacaciones y el alquiler de la casa serían gastos, ya que en ambos casos sale dinero de nuestro bolsillo sin intención de volver. Por el contrario, tanto el curso de inglés como el ordenador nuevo serían inversiones, ya que esperamos obtener un beneficio futuro con ellos.

Gasto: cuanto más lejos mejor

Una de las reglas fundamentales para tener una economía doméstica saneada es tener pocos gastos. En el día a día de un hogar se generan un montón de ellos: los recibos, el supermercado, la ropa, la farmacia, el colegio de los niños, el coche… Algunos son fijos y se repiten todos los meses mientras que otros solo suceden de vez en cuando.

Cuando gastamos dinero, este sale de nuestro bolsillo y no esperamos ningún retorno a cambio. Por ejemplo, pagamos 80 euros por una factura de electricidad a sabiendas de que ese dinero no va a regresar a nuestro bolsillo de ninguna forma. Los 80 euros no son más que la contraprestación por disfrutar del servicio de electricidad.

El gasto no va más allá del disfrute del bien. Por tanto, cada vez que tengas que efectuar uno deberías hacerte preguntas del tipo: ¿voy a vivir mejor gastando mi dinero en este bien o servicio? ¿Puedo conseguirlo más barato? ¿Estaría mejor ese dinero en mi hucha?

Inversión: pensando en el futuro

Por el contrario, cuando invertimos lo hacemos con la intención de obtener un beneficio o una rentabilidad en el futuro. Ese futuro puede referirse a unas semanas, a unos meses o a unos años. Sea cual sea el horizonte temporal, la clave de toda inversión es que se espera un retorno.

Por ejemplo, ese curso de inglés o ese ordenador de los que hablábamos al principio del artículo son salidas de dinero que nos proporcionarán un beneficio en el futuro: habremos aprendido un nuevo idioma y tendremos un ordenador más potente para trabajar. En ambos casos, el retorno podrían ser unos mayores ingresos mensuales en nuestro trabajo.

El objetivo de la inversión es que el beneficio que obtengamos en el futuro compense el esfuerzo económico del presente. Sin embargo, en términos de un hogar puede resultar más complicado discernir el beneficio futuro, por lo que el retorno de una inversión suele cuantificarse en términos de ahorro: invertimos en nuestro hogar con el objetivo de ahorrar en el futuro.

Por ejemplo, si cada cierto tiempo se estropea nuestro frigorífico y tenemos que llamar a un técnico para que lo repare, quizás sería una buena inversión comprar uno nuevo, ya que así nos ahorraríamos el dinero de las reparaciones.

Como ves, es muy importante pararse a diferenciar entre gasto e inversión en el ámbito doméstico, ya que una buena identificación de ambos conceptos puede suponer la diferencia entre ahorrar o no ahorrar dinero a largo plazo.

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