Blue chips

Blue chips y chicharros, dos filosofías de inversión

En el mundo de la bolsa hay dos términos que reflejan dos filosofías opuestas de inversión: blue chips y chicharros. Como veremos a continuación, se utilizan para describir a empresas que, por sus características, son la cara y la cruz de la misma moneda.

¿Qué son los blue chips?

En términos financieros se conoce como blue chips a las empresas que son grandes, sólidas y confiables. En otras palabras, son empresas que, por su trayectoria, hacen prever una evolución positiva en los mercados.

Se trata de compañías muy estables y con muy poca volatilidad en bolsa. El valor de sus acciones tiende a aumentar con el paso del tiempo, pero nunca de forma explosiva, sino progresivamente

Si, por ejemplo, su acción cotiza hoy a 110 euros, lo normal es que dentro de un mes lo haga a un precio ligeramente superior (o, en el peor de los casos, ligeramente inferior), pero la diferencia de precio nunca será abultada.

Las blue chips crecen sin prisa pero sin pausa. No enriquecen a sus inversores en el corto plazo, pero tampoco los empobrecen. Por tanto, se trata de empresas en las que se puede invertir de forma segura y con bajo riesgo.

Al invertir en empresas de este tipo debemos hacerlo con un horizonte temporal de medio y largo plazo. Los negocios consolidados en el mercado suelen ofrecer beneficios estables según pasan los años. La bolsa sube y baja pero estas empresas siempre (o casi siempre) ganan.

No existe un listado oficial de empresas blue chips y, por tanto, lo que para una persona es un blue chip para otra podría no serlo. Sin embargo, podríamos decir que las grandes empresas del sector financiero, las compañías eléctricas o los gigantes de la telefonía, lo son.

En España, Banco Santander, BBVA, Iberdrola, Endesa, Orange, Acciona o Movistar serían ejemplos de blue chips. ¿Quién puede esperar una mala evolución futura de estas compañías en el mercado?

¿Qué son los chicharros?

Un chicharro es justo lo contrario a los blue chips. Las empresas chicharro se caracterizan por ser pequeñas y medianas, inestables y poco confiables, debido a su poco recorrido histórico.

La volatilidad en el mercado de estas compañías puede ser máxima. Su acción puede valer hoy 80 euros y en solo una semana 200, o tal vez solo 30 euros. Debido a su escasa contratación, en el corto plazo sus subidas y bajadas son importantes.

Es imposible saber como será la evolución de un chicharro a corto plazo. Invertir en estas empresas es hacerlo de la forma más cortoplacista posible: de la noche a la mañana puedes ganar mucho dinero si su cotización sufre una espectacular subida, pero también puedes acabar arruinado si su valor cae en picado.

Como imaginas, estas empresas tampoco son una inversión segura a largo plazo, puesto que es también imposible prever cómo evolucionará en los próximos 10, 20 o 30 años. Quizás quiebre en solo 6 meses, nadie puede saberlo.

Los chicharros son un imán para los que buscan enriquecerse de forma rápida. Sin embargo, se trata de una apuesta demasiado arriesgada que nadie debería jugar. Es mejor evitar la tentación y mantenerse muy lejos de ellas.

 

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