Autónomos

Autónomos: no es oro todo lo que reluce

La pasada crisis económica hizo que mucha gente perdiese su empleo. La tasa de paro en España se acercó al 30% y encontrar un empleo se convirtió en una misión imposible. Como consecuencia, a muchas personas no les quedó más remedio que convertirse en autónomos y empezar a hacer trabajos por cuenta propia para ganarse la vida.

El emprendimiento se puso de moda y desde el gobierno se adoptaron medidas con el objetivo de impulsarlo aún más. La popular tarifa plana de 50 euros mensuales para autónomos, que consistía en una bonificación temporal en las cuotas a la Seguridad Social, fue una de ellas. Recientemente, la nueva Ley de Autónomos ha mejorado esa tarifa plana.

A día de hoy en España hay algo más de tres millones de trabajadores afiliados al Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), lo que convierte a este colectivo en una de las principales fuerzas laborales del país. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce cuando hablamos de emprendimiento y mucho menos en el mundo del autónomo.

Los mayores problemas de los autónomos

El principal problema al que tiene que hacer frente un autónomo es que obtener ingresos no es nada sencillo. Si el autónomo deja de trabajar una semana, esa semana no obtendrá ningún ingreso. Además, la incertidumbre laboral es máxima, ya que el autónomo nunca sabe cuanto facturará cada mes ni cuando cobrará por el trabajo realizado.

Por otra parte, este ha de destinar un mínimo de unos 275 euros mensuales a pagar las cuotas de la Seguridad Social, tenga o no tenga ingresos, lo que supone un verdadero lastre para muchos negocios. Además, ha de descontar el IRPF de sus facturas (15%) y añadir un 21% de IVA que aunque lo cobra no le pertenece. De esta forma, para ganar 1.000 euros netos al mes tendrá que facturar prácticamente un 50% más, sobre 1.500 euros de base imponible.

Pero el tema económico no es el único quebradero de cabeza del autónomo. Otro de los grandes problemas a los que tiene que hacer frente este es que ha de ser capaz de ejecutar un montón de tareas: como empresario, como trabajador, como administrativo, como contable…  El autónomo se convierte de esta forma en un auténtico hombre orquesta que además de gestionar la empresa, buscar clientes o hacer los trabajos deberá gestionar también los cobros y los pagos, enviar las facturas o hacer la parte comercial.

Por otra parte, el autónomo ha de aprender a diferenciar su vida personal de la profesional. Si no lo consigue, corre el riesgo de terminar trabajando las 24 horas del día durante los siete día de la semana. Un problema añadido es que entremezcle las finanzas de la empresa con las finanzas de la familia, de forma que las dos economías convivan en una misma cuenta corriente o bajo una misma tarjeta de débito/crédito.

Hay que señalar también que la responsabilidad del autónomo es ilimitada, es decir, no existe diferencia entre su patrimonio mercantil y personal. En otras palabras, si este adquiere deudas derivadas de su actividad profesional deberá hacer frente a las mismas con su patrimonio personal. Si además está casado en régimen de bienes gananciales, esta situación afecta también al patrimonio de su pareja.

Para terminar, el acceso a las pensiones y al desempleo es otro de los grandes hándicaps a los que ha de hacer frente el autónomo. La pensión media de un autónomo ronda los 700 euros mensuales, significativamente por debajo de la media del Régimen General. Esto es así porque casi todos los autónomos se acogen a la base de cotización mínima para pagar una cuota menor a la Seguridad Social mes a mes.

En lo que respecta al desempleo, los requisitos para acceder al mismo si el negocio no va bien son bastante complejos, por lo que un elevado porcentaje de solicitudes de paro para autónomos terminan siendo denegadas. En la práctica, casi ningún autónomo cobra el desempleo si su negocio cierra.

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