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5 emociones que tienes que controlar al invertir

Para invertir en bolsa hacen falta cuatro cosas: dinero, conocimientos, tiempo y sangre fría para controlar tus emociones. La psicología y el estado anímico del inversor juegan un papel fundamental en sus resultados. Incluso hay quién afirma que la inversión es un 90% psicología y un 10% conocimientos.

Cuando hay dinero en juego (tu propio dinero para ser más concreto) los seres humanos nos volvemos irracionales. Dejamos el raciocinio de lado y solo actuamos por impulsos. Por esta razón, si queremos obtener buenos resultados invirtiendo en bolsa es fundamental que aprendamos a identificar y a controlar nuestros sentimientos.

Las emociones que lo controlan todo

Estas son las principales emociones que debemos gestionar si no queremos acabar arruinados:

  1. Miedo.

El miedo nos paraliza y hace que tomemos malas decisiones. Este sentimiento tan irracional también juega un papel muy importante al invertir. Hay quién siente miedo a perder su dinero y por ello solo invierte en productos financieros muy seguros y poco rentables. Y hay quién por un rebote del mercado entra en modo pánico y cierra alguna operación cuando no debía.

  1. Codicia.

La codicia empuja a los inversores a intentar ganar más y más dinero. El problema es que también puede pasar lo contrario: que pierdan pasta. Son los momentos en que la bolsa sube y la ganancia parece más fácil cuando la codicia puede empujar a las personas a tomar decisiones infundadas con consecuencias desastrosas.

  1. Euforia.

Cuando una persona se siente muy feliz baja la guardia y toma decisiones equivocadas. La euforia, traducida en exceso de positivismo, puede hacer que el inversor vea oportunidades de mercado donde no existen y que compre más acciones de las que debería sin prestar demasiada atención a los detalles.

  1. Tristeza.

Si alguien se siente triste, compra más. La razón es que intenta mejorar su estado de ánimo dándose un capricho. ¿Se imaginan a un inversor decaído que trate de animarse comprando acciones? En los momentos de abatimiento, el inversor puede llegar a tomar decisiones financieras nefastas con el único objetivo de sentirse mejor.

  1. Envidia.

Muchos inversores se dejan llevar por la envidia en su toma de decisiones. Quieren lo que tienen otros, y lo quieren rápido. Envidian sus rentabilidades y la velocidad a la que consiguen que su dinero crezca. Y para alcanzar esos resultados arriesgan más de lo que deberían. Como consecuencia, gestionan de forma errónea su patrimonio.

Ni un ápice de espacio a las emociones

Estas cinco emociones pueden terminar por arruinar a un inversor si este no es capaz de controlarlas. Por ello, ante la mínima vorágine emocional, hay que parar y hacerse dos preguntas: ¿he hecho un análisis objetivo y pormenorizado de esta operación? ¿Estoy completamente seguro de cuáles son sus posibles consecuencias?

En el caso de que la respuesta a una de estas preguntas sea negativa, debemos apagar el ordenador, levantarnos de la mesa e irnos al rincón de pensar. Las emociones no deben influirnos lo más mínimo en la toma de decisiones de inversión. Si lo permitimos, estamos perdidos.

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